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Simplemente gracias

Este 12 de enero de 2026 se cumplieron 17 años de la muerte de Alejandro “Bocha” Sokol. Esto no es una biografía ni una efeméride: es el recuerdo de uno más entre todos los que lo sentimos cercano.

Otoño-invierno de mediados de los 90. Este adolescente, nacido en CABA pero criado en el conurbano, volvía a su terruño. No recuerdo bien a qué cumpleaños iba; solo que era en un boliche ubicado en una galería de Cabildo al 2000.

Cuestiones del destino hicieron que, en lugar de sumergirme en un boliche random, terminara en Dr. Jekyll viendo a Las Pelotas. Mi vestimenta de pibito que se había arreglado para ir a un cumple “en la Capital” chocaba de frente con el resto de los concurrentes, en una época en la que el público pelotero era todavía rockero, bohemio y un poco fisura.

Las Pelotas se transformaron en una de mis bandas favoritas y, dentro de la banda, Sokol pasó a ser esa figura que se llevaba todas las miradas. Ya fuera por la intensidad de sus interpretaciones o por esos pasos coordinadamente descoordinados que tiraba junto a Gabi, la bajista.

Vinieron años de verlos en recitales gratuitos, en shows en lugares random, cerrando festivales e incluso en algunos conciertos bastante exclusivos.

Y nada cambiaba: la marca se la llevaba el Bocha. La banda era un montón, pero él era único. A medida que avanzaba la historia pelotera, el mito crecía, pero desde lo humano. No era una figura inalcanzable, sino ese tipo con el que te cruzabas y salía una cerveza; casi como ese italiano con el que te encontrabas y terminabas compartiendo una ginebra.

Pasaron los años y, de repente, todo empezó a tomar otro color. El show de Ferro en 2007, cuando la banda presentaba Basta, fue más frío que la temperatura de aquel invierno porteño. Quizás la imagen capturada por mi en ese momento —cuando recorría vallados sacando fotos—, con la palabra Basta separándolo de Germán, resultó premonitoria. Una señal temprana de esa despedida helada en River, con el Bocha saliendo a escena con la remera que decía Simplemente gracias. Uno lo imaginaba triste, viéndolo tirar sus pasos en soledad, en el show de una banda de la que ya no formaba parte.

Y ahí llegó la última etapa: el Bocha tocando solo, o con la banda que lo invitara (o invitándose solo), hasta la formación de El Vuelto S.A., junto a su hijo. Shows que eran una mezcla de concierto y ensayo, con canciones del repertorio de Las Pelotas, versiones que dejaban ver la musicalidad que habitaba en esa cabeza y algunas composiciones nuevas que bien podrían haber formado parte de un disco próximo.

Pero no.

Un 12 de enero, hace 17 años, llegó un mensaje: “Che, parece que…”. Después empezaron a llegar más. Y más. Hasta que la noticia se confirmó oficialmente y, con ella, se terminó el último atisbo de bohemia que tuvo el rock nacional.

Hoy, birra en mano, miramos para arriba, ponemos una canción de fondo y te recordamos.

Gracias por tanto, Bocha. Perdón por tan poco.


La foto principal de esta nota es de Oscar Livera.