El Pompeyo Audivert que se proyecta en la sociedad no es un hombre, es una máquina teatral con espíritu humano. Pero por lo que nos alcanza a contar en esta entrevista, parece que hay otros Pompeyos también, eh: un caminante que aquieta el estruendo de los híper estímulos del mundo moderno saliendo a andar a pie por las ciudades en las que está, por ejemplo. También está el hijo que re observa con atención el legado que su mamá poeta y su padre y abuelo, artistas visuales, han dejado en él para siempre. O aquel simple tipo, una persona que -como todas las de este planeta- se la pasó tratando de escapar de la jaula de miedo y encierro de la Pandemia y por eso tuvo que crear un universo que le cabiera dentro del propio cuerpo y de su propio espíritu. Muchos Pompeyos.
Pero en escena y en derredor a ella -en talleres, seminarios, laboratorios y charlas relacionadas al teatro- Audivert es un artefacto teatral implacable que desde hace casi cincuenta años viene poniéndole el cuerpo tanto a la dramaturgia de tótems como Beckett, Arlt, Shakespeare, Zitarrosa, Bernhard o Florencio Sánchez, como a la suya propia. Dice que la acción teatral es inevitablemente militante, y durante la conversación nos explica con paciencia por qué está seguro de ello.
A minutos de volver a subir a escena “Habitación Macbeth”, Pompeyo Audivert conversó con Suena sobre la obra en sí, sobre el siempre bravo arte del acto teatral y sobre algunas cosas que suceden arriba y abajo del escenario en esta revoltosa cotidianidad llamada vida.