Qué obsesión insoportable parece que tenemos con la vara. Cuando escuchamos Desierto City pensamos en si cumplía o no las expectativas por la propia altura artística que El Peligro de los Vientos nos había convidado en el disco debut, que se llama La Sensación y había hecho tambalear a toda la escena. El mismo Gastón dijo reiteradas veces que también un poco le temió a eso y decidió que el volantazo sea más violento. Tampoco es que ahora suene tan lejano, se reconoce a primer tacto a la misma banda que ya rueda aceitada muy ajena a la liga de las promesas.
El show de presentación en Mood fue determinante, le atornilló una buena bisagra a la manija que nos genera que una banda de acá esté en su cresta de ola. Y el Peligro está ahí, disfrutando, sabiendo que si se cae no pasa nada pero hay pocas chances de caerse. Gastón, Juanjo, Coco, Sacha, Mathi y Silvio son una maquinaria demoledora. Tocan como los dioses, claro, pero no hay novedad en esa apreciación. Sabíamos que EPDLV iba a florearse en ese show tan especial, y aún así sigue sorprendiendo lo que pasa abajo del escenario. Cerca de 500 personas, tal vez, se juntaron en un recinto que en su corta historia demuestra calzarle mejor a las visitas que a los locales, que convoca generalmente con más fuerza cuando la propuesta llegó en tour. ¿Cuántas bandas valletanas explotaron Mood de esa manera? Y la alegría se manifestaba, todos los que pasaban te ofrecían un trago y hablaban del vínculo con los artistas que presentaban el disco.
No lo pienso solo desde la cantidad de gente, eso sería, supongo, fácilmente medible. Me refiero a la complicidad, al cariño, al lazo indescriptible de saber que los que cantan caminan las mismas calles que vos. Y la gran noche de Desierto City se vivió con ese rumbo. Pasaron las canciones de ambos discos y un repertorio certero, apoyado por un desarrollo lumínico y estétíco detallado y protagonista. La pantalla enorme como complemento sin vender humo, sosteniendo y completando pero dejando en claro que la atención se la llevaba lo humano. Hubo emoción sin lágrimas, hubo abrazos con distancia, hubo letras gritadas y sentidas, hubo risas y saludos, hubo pogo y baile, hubo fraternidad, y todo eso armó un inolvidable concierto con una musicalidad integral aplastante.

Será difícil de igualar si seguimos pensando que una banda de rock es un garrochista olímpico que tiene que sumar centímetros. Será el mar ya conocido pero siempre desafiante si pensamos en la misma banda, pero esta vez como navegantes que se animan a la exploración. Será, rock, será pop, indie o no, qué carajo sabemos, será El Peligro de los Vientos quien defina si trota o camina, si se pega un pique a la fama o se sigue diviertiendo. Por suerte el mundo cambió y ya nadie defiende aquella idea de “pegarla”. Menos mal. El Peligro es puro presente, y es lo mejor que le puede pasar. Posdata: qué cara la bebida, insólito que ni eso logre empañar la noche.