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Mientras hablamos de los therians

Mientras hablamos de therians, de lo amable que es el gobierno al reconsiderar el artículo 44 de la ley de la nueva esclavitud y de la validación o no validación de un tío con nombre en ingles como ícono del sonido musical latinoamericano en rebeldía contra el imperio, 920 familias caen repentinamente en el pozo ciego de la indigencia.

Son 920 laburantes -entre operarios y administrativos- quienes acaban de ser despedidos de la planta de Fate de San Fernando, una de las fábricas argentinas más importantes de este y el anterior siglo.

Javier Santiago Madanes Quintanilla, uno de los millonarios industriales más grandes del país, dueño del 72% del grupo económico que posee Fate y Aluar (la única industria argentina de aluminio, Aluar), deja en la calle a todas estas personas notificándoles con un cartelito pegado en los portones de la fábrica que les dice: “no entren, porque cerramos”

En la comunicación oficial que sacan de cara a la sociedad argentina, la empresa admite inequívocamente que las complicaciones que generaron esta debacle no se deben a desaguisados con los gremios, ni a complicaciones con los contratos laborales, que tienen la forma actual, la forma de la pre-reforma laboral. Para nada.

El comunicado es claro, la decisión de la compañía se da “ante los cambios en las condiciones de mercado”. No fue el gremio, no fueron las condiciones de contratación: fue el rumbo del mercado. No lo dice Lenin desde su sepulcro, ni las voces agoreras de la izquierda y el progresismo. Lo dice la persona que está en el puesto N°18 del ranking de mayores fortunas de la Argentina, ese que todos los años realiza Forbes. Es la palabra de ellos.

Y así como Patricia Bullrich inventa en los medios a un par de empleadas de panadería que la felicitan por querer consagrar artículos medievales en la reforma laboral, empresarios multimillonarios como Teddy Karagozian, dueño de la textil más grande de la Argentina, hace malabares por estos días para despegarse del visible sitial de amor incondicional que le brindó a Javier Milei durante estos dos años (asesorándolo, yendo a cenar con él y sentándose junto al león therian a mirar Homo Argentum en Olivos). Hoy entró en la forzosa necesidad de abandonar la chupada de medias para empezar a poner cara de serio frente a la verdad indiscutible, la realidad que debe asumir porque se ha abierto paso contra cualquier relato: “Hilado S.A.”, la más grande de sus fábricas textiles, acaba de entrar en convocatoria de acreedores.

Si su fábrica cierra, como es probabilísimo que suceda en el transcurso mediato, quedarán en la calle más de 2000 empleados. Dos mil familias más en la indigencia. Y -al igual que con Fate, o cualquier mega fábrica que cierre- no solo el impacto es el número de despidos de la fábrica, sino que también se funden todas las PyME que proveen materia prima e insumos. Súmenle todos esos despidos satelitales, porque son y están.

Estos son los therians. Hasta el momento de publicado este artículo no hay registros de que hayan dejado a ningún laburante en la calle.

Mientras los cierres y despidos suceden porque la industria nacional se destroza, nuestra sociedad es convencida paulatinamente -a través de la sobredosis de info falopa que entra por los teléfonos celulares- que las y los laburantes somos tramposos, presentadores compulsivos de certificados truchos y flojos, cómplices de la industria legal del despido, personajes mucho menos tenaces y esforzados que los millonarios que nos despiden. O que los senadores, esas personas que no leen ni un solo artículo de la reforma que votan, como quedó patente tras las patéticas disculpas oficiales por “haber redactado mal” el Artículo 44, el de la quita de salario por ausencias por enfermedades o accidentes “extra-laborales”.

Que los senadores oficialistas se desentiendan de esta falta de ética legislativa es dable, al menos esperable, más dejémosle un saludo muy grande a las y los senadores de otras fuerzas que votaron sin leer, sobre todo porque después en los discursos se reafirman como opositores. Mayor carga de cinismo, imposible.

Y esto de alienar a la sociedad con información que siga haciendo que nos echemos las culpas por algo que la clase laburante NO ESTAMOS HACIENDO (hundir la industria, destrozar el país, acabar con siglo y medio de derechos adquiridos) es solo una de las dos fases de acción que los representantes del Estado están implementando con nuestra venia silenciosa. La otra acción es la del escarmiento. Cada semana hay palos en la calle y en los cierres de fábricas fuerzas de seguridad desplegadas como si se tratara de una guerra civil en ciernes y -como no- detenciones ilegales como la que sufrió hace unas horas Alejandro Crespo, Secretario General de SUTNA.

Alienación + palos + privilegios. Desde el medioevo esa es la fórmula del éxito para la cercenación de derechos, para la consolidación de la bestial concentración de las riquezas que estamos viviendo. Lo disfrazan de nuevo, de modernización, de la nueva forma de la vida. Es viejo, es rancio ¿Por qué tragamos este ricino sin chistar? Esa es la clave a desencriptar. Manos a la obra amigas y amigos, que el futuro no es de ellos, es nuestro.