Murió el Indio Solari. Acá no se despide nadie.
“Es una oportunidad muy especial la muerte, para liberarte de tus compromisos y hacer lo que quieras”. La voz está quebrada, los ojos no se ven porque casi siempre usaba anteojos oscuros y para la grabación de esa entrevista no hubo excepción. El periodista hace una pausa de esas de tragar baba. Está llorando el Indio Solari. Hablan de Bowie, pero eso ahora no importa. Está pasando algo grande.
Claro que el documental se conoció tiempo después, y ya con otra información vertida por el propio Indio que haría de complemento para entender más cosas. Esa nochecita tandilense salió al escenario solo en la previa del show en el hipódromo. Calmó gritos y sorpresas contando que el párkinson le golpeó la puerta, admitiendo como pocas veces que algo que se hablaba sobre él era verdadero: Carlos Alberto Solari estaba enfermo, y pintaba feo. Era febrero de 2016 y se empezaba a preparar la escena para la muerte. Mierda, qué momento.
El hermetismo fue una constante, y acá podemos seguir hablando de vida y obra. Siempre hubo cancheros que dijeron saber más de lo que contaron, probablemente casi nadie sabía casi nada. ¿Cómo peleó Indio contra su enfermedad? ¿Qué tratamientos recibió? ¿Cómo avanzó su deterioro? ¿Pudo evitar el secuestro de su estado de ánimo? ¿Logró proteger su aliento cada día? Indio murió este viernes, y nos brotan preguntas que no estoy seguro de que vayan a ser respondidas. Tenía 77 años y estaba en su casa.
Escapemos a las pretensiones de análisis sociológicos sobre su huella penetrando generaciones de argentinos y argentinas, sepamos recomendar palabras ya escritas en ese sentido. Tiremos gambeta a las chicanas sobre la semiología de su discurso. Llevemos al estante de la lamida testicular cuántos ceros tenían sus cuentas bancarias o dónde elegía pasar sus vacaciones. Hablemos de ese Indio que ya no está, del artista, del poeta, del compositor, del corazón ricotero, de la voz de frenada de auto.
Las canciones del Indio son puentes de amistad, no tengamos ninguna duda, música compinche, risueña aun con la mierda las rodillas.
Desconocemos cuándo lo supo, pero hay certeza de que ese día de febrero le habló su gente para blanquearlo. Una especie del famoso “prefiero decírtelo yo”. Y pasaron diez años y pico. En mayo de 2021 largó una canción que llegó para insistir: “Me estoy muriendo, pero te lo voy a decir elegante. Me queda poco, y va a ser artístico”. Por supuesto que Encuentro con un Ángel Amateur no dice eso, aunque en esa idea fue bloqueando arterias. El trabajo estaba hecho, el cierre en marcha. ¿Cuánto faltaba? ¿Cómo iba a ser?
Nos apasiona hablar de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, de cómo en 1985 llegó Gulp, de los textos hipermetaforizados que disparaban abanicos de opciones, de Skay, de Oktubre, de Rocambole, el cambio de saxofonista, la masividad, las canchas de Huracán, los dardos con Symns o Juanse en canciones rockeras, los hitazos no buscados, Walter Bulacio, las ironías, tramontinas tajeadores, policías con caballos, piratas oficiales, remeras de stencil, la Negra Poly, River con luces prendidas, patinódromos de batallas campales, ghettos al micrófono y casi cadena nacional, hijas de fleteros, monitos que muestran el culo por trepar más, filmaciones no entregadas de shows de estadios, rumores y puteríos, amores y desencuentros, ese perro sigue allí, esa banda incontrolable de mis amantes. Podemos, pero no tenemos ganas. Recomendamos libros sobre el Indio y sobre los Redondos, sugerimos nombres, empezamos a intercambiar como aquellos pibes lo hacían con los casetes que pasaban de mano en mano, con suerte con una tapa fotocopiada.
A esta altura sabemos casi todo de los Redondos, y paradójicamente bastante menos de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, no vamos a andar wikipediando despedidas. ¿Pero qué mierda es eso que se siente en el cuerpo? Tal vez ausencia y lejanía sean jugadoras que atacan en equipo. Indio eligió ser lejano, misterioso, enigmático, inquietante, provocador, desafiante. Hasta que supo que sería ausente, él, mas nunca su marca. Legado, dirán. Debe venir por ahí.
No logró ser un tipo común si es que llegó a pensarlo así. Está claro que se abrió, que accedió a mostrarse más, a hablar más, a opinar más, a confrontar más, a discutir más. Hay quienes pensamos que se preparó para morirse como un fulano. Relevante, más que casi todos, pero un fulano. Indio provocó lazos humanos, amistades y amores. Las canciones de los Redondos son para compartir, y nadie atraviesa esta noticia de muerte en su pura intimidad. Nos miramos a las caras, cruzamos mensajes, nos juntamos a cantar, enviamos pareceres. Y acá importa tres carajos cuánto te haya gustado la música. Esas canciones, esas letras, esos estímulos entraron en esqueletos, movieron estructuras individuales y de tribus, hojas de ruta, la viralización antes de saber qué era.
Las canciones del Indio son puentes de amistad, no tengamos ninguna duda, música compinche, risueña aun con la mierda las rodillas. ¿Qué te pasa cuando te cruzás a un desconocido con una remera ricotera en alguna calle cualquiera? Viste, dejá, ni contestes. Es exactamente eso.
Se murió el Indio y las despensas de barrio vendieron todas sus latas. Murió Solari y se encendieron las parrillas. Se fue el Mister y la Coca es para el fernet. Animándome a la barbaridad, confieso que no dejo de pensar en el Indio con una sentencia tajante. Es una muerte que duele, más bien, pero no tiene una pizca de tristeza. Indio es entidad, ya lo era y se acentuó.
¿Construyó con propio diseño su vida y personaje o lo fue encontrando y asumiendo? Vivió y murió como hecho artístico y eso es lo que fascina. La clave es el transucurrir, el mientras como sistema nervioso, el movimiento en plena combustión. Contracultura, independencia, banderas en su corazón. Ojo, tené cuidado, siempre se acerca el miserable que prefiere pasarle resaltador a las contradicciones. Nos queda un pogo en cada cuadra, un baile en cada plaza, un grito en cada amor.
Y de paso, el cancionero más espectacular que haya parido esta tierra.
Foto de Edgardo Kevorkian (@kvkfotos)