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Cuando la montaña deja de ser un camino y pasa a ser un escenario

El episodio que protagonizó el famoso chef Christian Petersen en el volcán Lanín sacudió mucho más que al mundo del montañismo. Encendió una conversación incómoda, necesaria y urgente sobre los límites del cuerpo, el ego, la exposición y una forma de vincularnos con la montaña que preocupa cada vez más. Guías, entrenadores y referentes con años de experiencia salieron a decir lo que muchos piensan en voz baja: la cumbre no vale una vida.

En los últimos días, y también en una charla profunda que mantuvimos en Radio Cumbre, la voz que resonó con mayor claridad fue la de quienes conocen la montaña desde adentro, sin épica vacía ni discursos para la tribuna. Personas que suben, bajan, esperan, acompañan… y vuelven.

El Lanín no es una foto: es respeto, proceso y regreso

Desde el grupo de guías y entrenadores “Mirá cómo lo hago”, con base en Neuquén y Cipolletti, el mensaje fue tan humano como firme. Primero, la empatía: “Deseamos de corazón una pronta recuperación a Christian. Lamentamos que una situación de salud tan delicada haya quedado expuesta públicamente, sobre todo cuando se trata de una enfermedad que necesita cuidado y acompañamiento, no espectáculo”, expresaron.

Pero a partir de ahí, el planteo fue mucho más profundo. No para juzgar personas, sino para poner sobre la mesa una tendencia que crece: la de subir apurados, sin procesos, sin escuchar al cuerpo, buscando la foto antes que el aprendizaje. “La montaña no es un escenario. No es un trofeo. Y ninguna selfie vale una vida”, remarcan los guías. Y agregan algo que parece simple, pero hoy suena revolucionario: el verdadero objetivo es volver.

A esa reflexión colectiva se sumó el mensaje claro, directo y sin vueltas de Roberto Catalá, alpinista con experiencia internacional, quien también profundizó este debate en diálogo radial. “El caso Petersen no es un chisme ni un espectáculo. Es una alarma”, dijo. Y fue más allá: “Esto no empezó allá arriba. Empezó mucho antes, cuando la montaña dejó de ser camino y pasó a ser escenario”.

Catalá puso el foco en algo clave: el desprecio por los procesos. La falta de aclimatación, el desconocimiento —o la negación— de la fisiología del cuerpo, y una soberbia disfrazada de valentía que puede tener consecuencias graves. “La montaña no negocia con el ego. No le importa si sos famoso, si tenés seguidores o si esa foto va a explotar en redes”, remarcó. Y explicó algo fundamental: cuando el cuerpo colapsa en altura, casi nunca es mala suerte. Es apuro, falta de respeto y desconocimiento de los límites.

“La cumbre no es el objetivo. El objetivo es volver”.

Roberto Catalá

Uno de los mensajes más fuertes que dejó Catalá —y que también se repitió entre los guías del Lanín— es que el riesgo nunca es solo de quien sube. Cuando algo sale mal, entran en juego guías, rescatistas, equipos médicos y familias que esperan abajo con el corazón en la mano. “Si alguien sube solo para tener una foto, no solo pone en juego su vida, sino también la de quienes van a salir a buscarlo”, advirtió.

La cumbre no es el objetivo

El cierre del mensaje fue tan simple como contundente: “La cumbre no es el objetivo. El objetivo es volver”. Tal vez no venda. Tal vez no sume likes. Pero es la única verdad que sostiene al montañismo real, al que se construye con respeto, paciencia y humildad.

El caso Petersen, más allá de la evolución positiva de su salud, dejó algo valioso si sabemos escucharlo: una invitación a frenar, a revisar motivaciones y a entender que la montaña no perdona la improvisación ni el espectáculo. Está ahí, majestuosa, esperando. Pero no para alimentar egos, sino para enseñarnos límites.


Este artículo fue publicado originalmente en Descubres.com – link a la nota.