En una tarde de julio del 2024 ella estaba sentada en el sillón de su casa. Contaba que estaba bien de salud, que solo tomaba una pastillita y nada más. Qué se sentía bien. En un momento se queda dos segundos en silencio, reflexiona y con sabiduría dijo: “Yo a lo único que le tengo miedo es a perder el espíritu, eso es lo único que me preocupa”. ¿Qué sería perder el espíritu? Benedetti decía que hay situaciones que matan tu espíritu y mueres, aunque estés respirando.
Lolín Rigoni abandonó este mundo el 5 de agosto del 2025. Tenía 100 años, y tenía un espíritu que aún genera admiración. ¿Cómo se sostuvo ese espíritu qué batalló contra unos monstruos tan grandes? Con amor, con una sonrisa, con ternura, con la algarabía de los bisnietos, con los sonidos de la radio, con una Tita en el bolsillo, con el disfrute de una linda marcha, con la militancia colectiva, con la emoción de una chica de unos cuarenta años que que no pudo contener las lágrimas al saludarla por primera vez y decirle que la admiraba un montón en la marcha del 2024.
Bocados de cariño para un espíritu que transitó una marcha que no tiene fin. Una marcha que sostuvo en un principio con varias Madres y en las últimos décadas de su vida con Inés Ragni, una mujer admirable, una Madre del Amor, con la que quemaron olvido, saltaron los charcos del dolor y parieron mucha más vida de la que se truncó como canta León. Vos que lees esto y yo que lo escribo, somos esa vida. Por eso en las palabras del 24 de marzo del 2025 ella dijo que el relevo está asegurado. Y lo expresó con tranquilidad, con confianza, con Inés asintiendo, con Oscar sonriendo, en el más allá.
En algún momento Julio Cortázar escribió que “el ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo está ahí como algo que se llama dignidad, se llama libertad, y sobre todo se llama futuro”. Un futuro que se debe iluminar con lo que hemos aprendido de ellas en más de cuarenta años, un aprendizaje que se dió a través de una metodología que está en desuso, pero que estas mujeres ejercieron como nadie. Las Madres de esta plaza siempre respaldaron sus palabras con hechos, le pusieron el cuerpo a sus expresiones, un ejemplo poco habitual en esta era donde se derrochan las palabras y escasean las acciones.
Y todo lo hicieron con el pañuelo como única herramienta. Ahora para forjar ese futuro ellas dejaron una ferretería a disposición. Y tiene que ser una construcción sin violencias, con templanza, con coherencia, con la claridad de que no importa el color de tu bandera.“La historia argentina no se divide entre unitarios o federales, entre azules o colorados, ni siquiera entre peronistas o radicales; la historia Argentina se divide entre quienes estuvieron con las Madres de los desaparecidos y quienes no estuvieron con ellas”, escribió Osvaldo Bayer.
Y si hiciste click en el link para leer la nota, es porque vos las abrazaste. Y si no las abrazabas tal vez estas palabras te lleven a hacerlo. Pero abrazarlas no es gratis, es un compromiso. Hay que ejercer la memoria, buscar la verdad, pelear por justicia, averiguar en dónde están las y los 30.400 desaparecidos. Además, como alguna vez dijo Lolín, hay que defender la vida buscando la salud, la educación, el bienestar de la sociedad. Y mientras haces todo eso, también hay que defender la alegría como una trinchera, como un principio, como una bandera, como un destino, como escribió Benedetti.
Nací en 1981 y participé de las marchas del 24 desde muy muy chiquito. Mi abuela Matilde tenía problemas en las rodillas, le dolía caminar, pero iba igual. Lo que la dictadura le hizo a su hija y a su hijo le dolía más. Ella se quedaba sentada en lo que es hoy el Monumento a José Luis Cabezas, y con mis viejos y mi hermano íbamos a dar la vuelta. A mi familia la dictadura cívico militar le hizo daño. A mi vieja le prohibieron dar clases en su amada Universidad Nacional del Comahue porque era una docente de las peligrosas, de las que pelean por un mundo con menos pobreza. A mi tío Raúl, lo secuestraron y lo torturaron en La Escuelita, un centro clandestino del horror que estaba ubicado en ese batallón que está al lado de un shopping, al lado del Jumbo. Era un estudiante peligroso, de los que creen en la justicia social.
Por suerte en mi familia no hay desaparecidos.
¿Y si no te falta nadie por qué salís a marchar? Marcho por las familias que no tuvieron suerte. Marcho porque quiero saber qué hicieron con los tíos, con las tías de tantos sobrinos y sobrinas más. Marcho porque quiero saber qué hicieron con tantos hijos, con tantas hijas que desaparecieron. Marcho porque quiero saber qué hicieron con las nietas y con los nietos que se robaron. Marchó porque no quiero que vuelva a pasar.

En esas marchas conocí a las Madres de Plaza de Mayo Neuquén y Alto Valle, doctoras del coraje civil con las que compartí aventuras memorables, como la producción del Festival por los 40 años de la creación de la filial en la región. Un recital en el Cine Teatro Español que agotó entradas y que tuvo a la Noe Pucci, Rafo Grin, los Otro Puerto y a León Gieco como artistas que pusieron sus talentos a disposición para celebrar el legado de ellas.
El 10 de diciembre del 2023 al mediodía Milei asumió la presidencia del país. Al atardecer en la Marcha de la Resistencia, Lolin me agarró del brazo y salimos a caminar en círculos alrededor del Monumento a la Madre. “Con este presidente se va a poner bravo, pero no hay que tener miedo”, dijo antes de terminar la primera vuelta. En la siguiente una compañera le dijo: “Madre, que buen patovica que se consiguió”, Lolin devolvió una sonrisa y seguimos caminando. Al terminar la actividad la acompaño hasta el auto de Ana (su hija) y cuando la dejo en el asiento delantero, me dice: “Bomba, sabes que no me gusta la palabra patovica o seguridad, vos no sos eso, vos para mi sos mi amigo. Eso sos”.
Parafraseando a Bayer, esa amistad será siempre la línea más valiosa de mi humilde biografía.
Nos vemos en la calle.
Este texto lo podrán encontrar en el libro “Lolin, un dulzura revolucionaria”, de Germán Gorosito publicado en el 2025.
La foto de portada de Emiliano Ortiz fue tomada durante la última marcha en la que participó Lolín. La foto en el interior del artículo de Matías Subat.